sábado, 21 de abril de 2018

DEL COMENTARIO A LAS FFMM



Otra vez gana la desinformación, la euforia y el descontento inducido, no argumentado. No voy a dirigirme a las personas como “ignorantes” y demás, porque sencillamente debemos recuperar el respeto que se perdió en el país, por todo, eso incluye las diferencias de pensamiento. Como un viejo me siento en la mecedora de mimbre, hace un calor fuerte y la brisa es poca, mi sobrina juega, mi hija duerme, mi vieja cocina; mi país está distraído compartiendo imágenes porque un comentario le incomodó.


Colombia es uno de los territorios más golpeados por la guerra, eso mejor que nadie lo saben las fuerzas militares, no los altos mandos ni los ministros de defensa, sino los jóvenes que dejan la mitad de su vida cuando sus madres y esposas los despiden llorando, cuando llegan de permiso y se dan cuenta que en el barrio todo está igual, o que a veces, se pasa mejor. Esos jóvenes que por un sueldo que no los dignifica, se van a pelear por una patria que no los defiende de verdad (porque si lo hiciera fomentaría reformas laborales a esta entidad), una guerra que ellos no inventaron.


Cuando se afirma que jóvenes no estudian y terminan en las fuerzas armadas es una realidad que no podemos negar, por algo el servicio militar es obligatorio y estudiar no. Mi generación es esa, a los 18 años muchos jóvenes de clase baja en este país no cuentan con alternativas sólidas para mejorar su calidad de vida, entonces se vuelve este escenario una opción. Por eso es que sus filas no están llenas de muchachos estrato 4 o 5, probablemente la mayoría de los que hoy viven la guerra en primera persona hubiese preferido estudiar, luego sí vincularse al servicio por el país con todo el conocimiento adquirido, quizás la mayoría “estaba dando mucha lata en el barrio y le tocó abrirse”, o “estaba mamado de buscar trabajo y no encontrar” y no encontrar porque no hay, pues las circunstancias de una guerra han justificado la corrupción de todo un país.


Ahora, poco más el 90% de los casos aterradores que llegaban al hospital militar se disminuyeron, esos muchachos con explosivos incrustados en sus cuerpos, ciegos, aturdidos, desmembrados en escenas desalentadoras, se redujeron significativamente con los acuerdos de paz, cosa que así no guste a quienes piden guerra desde Facebook, es una realidad innegable.


Pero las guerras siempre las pelea y las pierde el pobre, los altos mandos de esa gloriosa fuerza armada que nos ha protegido a lo largo del conflicto, aún la desean ¿por qué? Porque muchos no tuvieron que ir al monte a ver cómo las minas destrozaban las piernas de sus muchachos, porque muchos contaron con el capital que les requiere el alto costo de esos cursos para que no lleguen a ser “rasos”.  Porque simplemente no se comieron el plomo de la guerra.


¿Qué hicieron entonces? Una bajeza condenable, porque no todos claro está, se dedicaron a robar en nombre del ejército, y eso es lo que debe rechazar Colombia entera, no un comentario que al fin y al cabo se lo terminará llevando el viento, pero los más de 20.000 millones despilfarrados espiando, legalizando equipos que nunca se vieron, dando pagos fa supuestos informantes que terminaron siendo inventados, entre otras cosas, no se las puede llevar, los falsos positivos que dejaron alrededor de 6.000 jóvenes asesinados por el cobro de estímulos que daba el estado manchando por siempre la imagen del ejército, menos. Eso sí debería ser causal de indignación nacional, que mientras unos hacen frente a la guerra, otros estén en sus oficinas sacándole provecho.


Anoche casualmente en casa vimos la entrevista del militar Carlos Eduardo Mora que desde niño quiso ser soldado. Todos deberíamos tener sus cojones y verdadero amor por el ejército, denunciado a los malos para que no manchen la imagen de los buenos. Sin embargo por hacerlo, por decir que la mayoría de sus compañeros no era igual a la mayoría de los altos mandos que se codeaban con los paramilitares e inflaban estadísticas permitiendo el asesinato de gente inocente, lleva 10 años amenazado, tildado de loco al punto que intentaron dejarlo internado en una unidad psiquiátrica (como en las películas), de sapo, de traidor, de otros calificativos vulgares para él y su familia. Entre esas amenazas una muy común en el país “lo vamos a picar”. Es tanto el peligro que ha sido el único militar que obtuvo a su favor una medida cautelar dictada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).


Ése militar si es un ejemplo, nosotros, querido “compatriota” dolido por un comentario, lamentablemente no, porque reproducimos sin analizar, porque somos prejuiciosos por deporte y porque gran parte de los criterios que podrían transformar o no el país, se tambalea con cada meme que se comparte en las redes sociales. Porque "compatriota", usted con su actitud fomentando el odio, no está del lado de los soldados buenos.








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