DEL COMENTARIO A LAS FFMM
Otra
vez gana la desinformación, la euforia y el descontento inducido, no argumentado.
No voy a dirigirme a las personas como “ignorantes” y demás, porque
sencillamente debemos recuperar el respeto que se perdió en el país, por todo,
eso incluye las diferencias de pensamiento. Como un viejo me siento en la mecedora
de mimbre, hace un calor fuerte y la brisa es poca, mi sobrina juega, mi hija
duerme, mi vieja cocina; mi país está distraído compartiendo imágenes porque un
comentario le incomodó.
Colombia
es uno de los territorios más golpeados por la guerra, eso mejor que nadie lo
saben las fuerzas militares, no los altos mandos ni los ministros de defensa,
sino los jóvenes que dejan la mitad de su vida cuando sus madres y esposas los despiden
llorando, cuando llegan de permiso y se dan cuenta que en el barrio todo está
igual, o que a veces, se pasa mejor. Esos jóvenes que por un sueldo que no los
dignifica, se van a pelear por una patria que no los defiende de verdad (porque
si lo hiciera fomentaría reformas laborales a esta entidad), una guerra que
ellos no inventaron.
Cuando
se afirma que jóvenes no estudian y terminan en las fuerzas armadas es una
realidad que no podemos negar, por algo el servicio militar es obligatorio y estudiar
no. Mi generación es esa, a los 18 años muchos jóvenes de clase baja en este país
no cuentan con alternativas sólidas para mejorar su calidad de vida, entonces
se vuelve este escenario una opción. Por eso es que sus filas no están llenas
de muchachos estrato 4 o 5, probablemente la mayoría de los que hoy viven la
guerra en primera persona hubiese preferido estudiar, luego sí vincularse al
servicio por el país con todo el conocimiento adquirido, quizás la mayoría “estaba
dando mucha lata en el barrio y le tocó abrirse”, o “estaba mamado de buscar
trabajo y no encontrar” y no encontrar porque no hay, pues las circunstancias
de una guerra han justificado la corrupción de todo un país.
Ahora,
poco más el 90% de los casos aterradores que llegaban al hospital militar se
disminuyeron, esos muchachos con explosivos incrustados en sus cuerpos, ciegos,
aturdidos, desmembrados en escenas desalentadoras, se redujeron
significativamente con los acuerdos de paz, cosa que así no guste a quienes
piden guerra desde Facebook, es una realidad innegable.
Pero
las guerras siempre las pelea y las pierde el pobre, los altos mandos de esa
gloriosa fuerza armada que nos ha protegido a lo largo del conflicto, aún la
desean ¿por qué? Porque muchos no tuvieron que ir al monte a ver cómo las minas
destrozaban las piernas de sus muchachos, porque muchos contaron con el capital
que les requiere el alto costo de esos cursos para que no lleguen a ser “rasos”.
Porque simplemente no se comieron el
plomo de la guerra.
¿Qué
hicieron entonces? Una bajeza condenable, porque no todos claro está, se
dedicaron a robar en nombre del ejército, y eso es lo que debe rechazar
Colombia entera, no un comentario que al fin y al cabo se lo terminará llevando
el viento, pero los más de 20.000 millones despilfarrados espiando, legalizando
equipos que nunca se vieron, dando pagos fa supuestos informantes que terminaron siendo inventados, entre
otras cosas, no se las puede llevar, los falsos positivos que dejaron
alrededor de 6.000 jóvenes asesinados por el cobro de estímulos que daba el
estado manchando por siempre la imagen del ejército, menos. Eso sí debería ser
causal de indignación nacional, que mientras unos hacen frente a la guerra,
otros estén en sus oficinas sacándole provecho.
Anoche
casualmente en casa vimos la entrevista del militar Carlos Eduardo Mora que
desde niño quiso ser soldado. Todos deberíamos tener sus cojones y verdadero
amor por el ejército, denunciado a los malos para que no manchen la imagen de
los buenos. Sin embargo por hacerlo, por decir que la mayoría de sus compañeros
no era igual a la mayoría de los altos mandos que se codeaban con los
paramilitares e inflaban estadísticas permitiendo el asesinato de gente inocente,
lleva 10 años amenazado, tildado de loco al punto que intentaron dejarlo
internado en una unidad psiquiátrica (como en las películas), de sapo, de traidor, de otros calificativos vulgares para él y su familia. Entre esas amenazas una muy común en el país “lo vamos a picar”. Es tanto el
peligro que ha sido el único militar que obtuvo a su favor una medida cautelar
dictada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Ése
militar si es un ejemplo, nosotros, querido “compatriota” dolido por un comentario,
lamentablemente no, porque reproducimos sin analizar, porque somos prejuiciosos por deporte y porque gran parte de los criterios que podrían transformar o no
el país, se tambalea con cada meme que se comparte en las redes sociales. Porque "compatriota", usted con su actitud fomentando el odio, no está del lado de los
soldados buenos.


0 Comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal