LA PROTESTA DEL POBRE ES PECADO
La
lucha del pobre es ilegal, por eso siempre estará en desigualdad de condiciones
frente a los procedimientos sistemáticos del estado, al pobre lo cuentan para
unas estadísticas y lo esconden en otras, el que vende café, pasteles y
verdura en la calle, resta unos indicadores, pero también suma en lo
relacionado a la ocupación el espacio público de las ciudades. Si comete el
error de sublevarse no sólo es castigado con la respuesta no afectiva de la fuerza pública, también lo será por los medios de comunicación, y más
triste aún, por su propia clase, otro pobre que no está tan mal.
Los
titulares de prensa generalmente arremeten contra el agredido, haciendo que
parezca el agresor, en un paro nunca se resaltan los motivos sino a sus
consecuencias. En el de maestros se aumentaron días y siempre se tuvo
presente el enunciado “más de 35.000 niños afectados” muy poco se habló del por
qué se optaba por esta vía, en cuanto al de transporte público, se habla del “caos
vehicular” que afecta a la ciudadanía, en el de camioneros se les plantea como a
verdugos que fomentan “la escasez de productos”. Y cuidado con hablar de paro
siendo campesino, menos si se tuvo que nacer en tierras cocaleras olvidadas por
el estado.
El
campesino no es terrorista, tiene terror, tiene hambre y se desespera porque
llega a su casa con la derrota de no tener cómo llenar los platos, porque el
campo no es valorado en estos irrisorios intentos de industrialización, porque
la ciudad está tan mal, que no puede si quiera recibir de nuevo a los hijos que
echó a Venezuela hace un par de décadas, y lógicamente no tiene mucho que
ofrecerle, un panorama desagradable en la redoma del terminal, los
semáforos de la Diagonal Santander y las afueras del ventura plaza.
Para
que lo escuchen en medio de la distorsión diplomática que se la pasa peleando
licitaciones y demás elementos de la democracia nacional, el campesino cerró
carreteras, taló algunos árboles, pudiendo por fin llamar la atención después
de varios días, la primera respuesta del estado es la misma para
todos, represión en tanquetas como la receta de las EPS y su producto estrella,
el famoso acetaminofén en tabletas. Una cura todos los males, la otra los
calla.
Y como el pobre no tiene el derecho a protestar como los ricos que hacen sus simbólicas manifestaciones en el congreso, que de paso son aprovechadas para evadir debates, ni intentar sabotear mediante campañas sucias todo proceso que no le guste, este si fue satanizado, primero por un ilustre que afirma de manera irresponsable que el paro tiene secuestrada a la región, luego otra ilustre institución, sale a decir que por la “tala indiscriminada” alguien debe responder porque eso no es justificable, ¿cómo ser justificable si no aporta a la mermelada?
La
región lleva décadas secuestrada por falta de vías de acceso, de oportunidades
para competir en igualdad de condiciones frente a grandes empresas, por
malversación de recursos, por abandono estatal cuando estuvo un grupo armado y
complicidad con el que después llegó. A la región la secuestró la guerrilla y
la coca un tiempo ante nuestros ojos indiferentes, luego la picaron los
paramilitares y se la dejaron a los supuestos proyectos de palmicultura que al
final no le dieron la talla a las necesidades del catatumbo.
Ahora,
la institución que respira verde y se indigna por los árboles talados y
atravesados en la vía, no ha sido tan amigablemente ambiental con la
contaminación del río Zulia a manos de quién sabe quién, ahí no lanza condenas
ni respira amor por la naturaleza, quizá el olor a podrido de las aguas y los peces
muertos no ha sido tan evidente para ellos, quizá las volquetas que hacen
extracciones a los ríos son muy pequeñas y no las ven.
Entonces,
cuando el rico protesta, es un derecho, cuando el pobre lo hace, es rebelión, y
eso es mal visto, desde los medios hasta las instituciones y la sociedad en
general, que termina siendo igual de pobre que quienes necesitan protestar. Lo
del catatumbo es otro ejemplo, vil, por supuesto. Las molotov, las botas de
caucho, la camiseta en el rostro, las manos de raspachín, uno que otro machete
y la malparidez (porque supongo no es bonito estar allá) no bastan para hacer
legítima su condición frente a un estado armado hasta los dientes, menos frente
a uno sociedad que se odia a sí misma, cuando repudia al pobre.


2 Comentarios:
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
(Creo que no llega lo que comento) Muy interesante lo que escribes, por cierto ¿ya te leíste Desobediencia Civil de Thoureau? Un abrazo gigante bby.
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