miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA PROTESTA DEL POBRE ES PECADO

La lucha del pobre es ilegal, por eso siempre estará en desigualdad de condiciones frente a los procedimientos sistemáticos del estado, al pobre lo cuentan para unas estadísticas y lo esconden en otras, el que vende café, pasteles y verdura en la calle, resta unos indicadores, pero también suma en lo relacionado a la ocupación el espacio público de las ciudades. Si comete el error de sublevarse no sólo es castigado con la respuesta no afectiva de la fuerza pública, también lo será por los medios de comunicación, y más triste aún, por su propia clase, otro pobre que no está tan mal.


Los titulares de prensa generalmente arremeten contra el agredido, haciendo que parezca el agresor, en un paro nunca se resaltan los motivos sino a sus consecuencias. En el de maestros se aumentaron días y siempre se tuvo presente el enunciado “más de 35.000 niños afectados” muy poco se habló del por qué se optaba por esta vía, en cuanto al de transporte público, se habla del “caos vehicular” que afecta a la ciudadanía, en el de camioneros se les plantea como a verdugos que fomentan “la escasez de productos”. Y cuidado con hablar de paro siendo campesino, menos si se tuvo que nacer en tierras cocaleras olvidadas por el estado.


El campesino no es terrorista, tiene terror, tiene hambre y se desespera porque llega a su casa con la derrota de no tener cómo llenar los platos, porque el campo no es valorado en estos irrisorios intentos de industrialización, porque la ciudad está tan mal, que no puede si quiera recibir de nuevo a los hijos que echó a Venezuela hace un par de décadas, y lógicamente no tiene mucho que ofrecerle, un panorama desagradable en la redoma del terminal, los semáforos de la Diagonal Santander y las afueras del ventura plaza.


Para que lo escuchen en medio de la distorsión diplomática que se la pasa peleando licitaciones y demás elementos de la democracia nacional, el campesino cerró carreteras, taló algunos árboles, pudiendo por fin llamar la atención después de varios días, la primera respuesta del estado es la misma para todos, represión en tanquetas como la receta de las EPS y su producto estrella, el famoso acetaminofén en tabletas. Una cura todos los males, la otra los calla.


Y como el pobre no tiene el derecho a protestar como los ricos que hacen sus simbólicas manifestaciones en el congreso, que de paso son aprovechadas para evadir debates, ni intentar sabotear mediante campañas sucias todo proceso que no le guste, este si fue satanizado, primero por un ilustre que afirma de manera irresponsable que el paro tiene secuestrada a la región, luego otra ilustre institución, sale a decir que por la “tala indiscriminada” alguien debe responder porque eso no es justificable, ¿cómo ser justificable si no aporta a la mermelada?


La región lleva décadas secuestrada por falta de vías de acceso, de oportunidades para competir en igualdad de condiciones frente a grandes empresas, por malversación de recursos, por abandono estatal cuando estuvo un grupo armado y complicidad con el que después llegó. A la región la secuestró la guerrilla y la coca un tiempo ante nuestros ojos indiferentes, luego la picaron los paramilitares y se la dejaron a los supuestos proyectos de palmicultura que al final no le dieron la talla a las necesidades del catatumbo.


Ahora, la institución que respira verde y se indigna por los árboles talados y atravesados en la vía, no ha sido tan amigablemente ambiental con la contaminación del río Zulia a manos de quién sabe quién, ahí no lanza condenas ni respira amor por la naturaleza, quizá el olor a podrido de las aguas y los peces muertos no ha sido tan evidente para ellos, quizá las volquetas que hacen extracciones a los ríos son muy pequeñas y no las ven.


Entonces, cuando el rico protesta, es un derecho, cuando el pobre lo hace, es rebelión, y eso es mal visto, desde los medios hasta las instituciones y la sociedad en general, que termina siendo igual de pobre que quienes necesitan protestar. Lo del catatumbo es otro ejemplo, vil, por supuesto. Las molotov, las botas de caucho, la camiseta en el rostro, las manos de raspachín, uno que otro machete y la malparidez (porque supongo no es bonito estar allá) no bastan para hacer legítima su condición frente a un estado armado hasta los dientes, menos frente a uno sociedad que se odia a sí misma, cuando repudia al pobre. 

2 Comentarios:

A la/s 2 de noviembre de 2017 a las 11:22 a.m., Blogger Unknown dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

 
A la/s 2 de noviembre de 2017 a las 11:31 a.m., Blogger Unknown dijo...

(Creo que no llega lo que comento) Muy interesante lo que escribes, por cierto ¿ya te leíste Desobediencia Civil de Thoureau? Un abrazo gigante bby.

 

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