viernes, 25 de septiembre de 2015

COMO TODOS, MEREZCO OPINAR...

Es inevitable convocar el verbo y dejar que la sangre se caliente cuando del tema de moda se trata. La frontera. Es inevitable callar nuestras opiniones frente a un acontecimiento de tanta importancia para la región donde habitamos. Tristemente también es inevitable que la estupidez inescrupulosa salga a desfilar por las pasarelas de la crisis. Desde hace años las relaciones entre los países hermanos han estado en el vaivén de quién es más rojo y quién más oligarca, las tensiones diplomáticas las sufren los estómagos de los habitantes, o ya que estamos en vísperas de elecciones, los numeritos de las cédulas que “Ellos” representan. La rivalidad o el anticolombianismo, no sé usted, desparchado lector, pero yo lo experimenté cuando era niño, recuerdo muy bien la odisea que debimos hacer con mi familia para poder conseguir ese pasaporte, que costaba mucho por aquello de la diferencia cambiaria que en aquel entonces favorecía a Venezuela, recuerdo que íbamos con unas maletas grandes, y con una nostalgia que no cabía en ellas, salíamos de aquel pueblo bonito del Catatumbo, donde los paras estaban picando gente con permiso de la ley, en serio, con permiso de la ley. En una de las famosas alcabalas, que hasta hace algunos años la conozco como la alcabala de Casigua, un guardia gordo, con un tono de voz igual de gruesa que sus brazos nos dijo despectivamente que “si íbamos a invadir Venezuela”, por el tamaño de las maletas, menos mal no vio el de la tristeza de dejarlo todo, en especial el terruño de los primeros sueños.



Tiempo después la revolución abrazó a los míos, el loco para los muy cuerdos, el ridículo para los muy sofisticados, y el salvador para muchos necesitados, le escupió a la democracia corrupta de su país un socialismo al parecer viable dentro de las circunstancias latinoamericanas. De cierta manera, domesticó a los militares engreídos y poco a poco, lógicamente con muchos sacrificios de por medio, se logró dignificar al colombiano en el vecino país, Chávez, el comandante en jefe de la Revolución Bolivariana y el Socialismo del siglo XXI acogió miles de los hijos de Santander que pasaron al otro lado de la línea por los diferentes caminos, puentes, trochas y ríos. Porque aunque no lo quiera la ineptitud gubernamental, estamos cerca, no solo geográficamente. El auge de la Revolución Bolivariana llegó y empezó a dar sus mieles, no para todos, al fin y al cabo no deja de ser un sistema. Recuerdo también gestos de “viveza colombiana” de avergonzantes compatriotas que recibieron créditos agrícolas por parte del gobierno y se devolvieron a Colombia a gastarse el dinero regalado. También recuerdo mucha usura de funcionarios que se autoproclamaron revolucionarios para extorsionar al pueblo tanto colombiano como venezolano, de hecho no se me borra la imagen de un sargento de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que parecía un mafioso lleno de oro y en camioneta todo terreno, como decimos por acá, a costillas del pueblo, o como dicen allá, martillando.


Pero bueno, vayamos al presente que es lamentablemente lo que importa. Hace unos días, amanecimos con la noticia de que habían cerrado la frontera, hace algunos años con que el bolívar se había “caído”, también que estaba bueno el trabajo (informal) en Venezuela y así, poco a poco nos fuimos trayendo un pedazo de ella, no sólo en el bolsillo sino en el corazón. Alcancé a ver “El Club de los Tigritos”, también a escuchar los gritos emocionados de mi hermana y mis primas cuando “Salserín” salía por Radio Caracas o Venevisión, mucho menos se me olvida “Súper Sábado Sensacional” ni el “Gloria al Bravo Pueblo”. Los colombianos de este pedazo de tierra olvidada que le llaman frontera, que los rolos no tienen ni puta idea de cómo interpretarla y se limitan a reproducir las noticias de los canales “Lideres en opinión” (porque todo lo tergiversan), fuimos determinados cultural y casi que políticamente por nuestros vecinos. Por ello es normal que tengamos panas y parceros, pimpíneros y bombas de gasolina, bolivar y peso, hijueputas y mamawebos en el gobierno.

Uno debe hablar de lo que sabe, y realmente sería atrevido decir que sé cuál es la razón por la cual escuché testimonios de colombianos argumentando que tenían permiso de habitar el sector desalojado por la GNB, lo que sí sé, es que ese espacio no poseía las garantías sociales mínimas para la forja de una sociedad estable, no desde el punto de vista económico sino desde el cultural. Realizando unas actividades recreativas, en “La invasión” motivado por la pasión de dos grandes personas, me encontré con una realidad tan absurda que tuve que contarla metafóricamente en este blog bajo el título “Del Amor en las Tierras de Nadie”. Niñas abusadas, violencia doméstica, maltrato infantil, contaminación ambiental, entre otros sucesos indecorosos para una sociedad, así como los guardias que cargaron sus fusiles apenas pusimos un pie en el río o el señor mayor de origen colombiano que nos acorraló, hizo preguntas y nos dijo “Aquí mandamos los paracos”. La mayoría de casas de cinc y de tablas tenía en su interior la visita del famoso "Chikungunya”, cocinas sin comida, niños sin alegría, un ambiente pesado, y una extraña casa lujosa en medio de esa miseria, en fin, no más detalles de esas tres visitas contrastadas.




Cuando estalla la crisis, por las deportaciones, inmediatamente las redes sociales hacen de tarima para que todos podamos expresar opiniones, lo primero que vi respecto al tema fue un video de unos militares de acento nada venezolano y una locación extraña a la frontera maltratando a unos jóvenes, Cúcuta en facebook puso el grito en el cielo o quizá hasta en el infierno, y dejó fluir su ira contra el gobierno venezolano por un video que nada que ver tenía con la situación. Luego vi periodistas llamando a la gente del otro lado de la cerca de alambres de púa, con la intención inescrupulosa de que la imagen se viera lo más traumática posible. Para rematar, no se hablaba de otra cosa, “Violación de los Derechos Humanos” por parte de la GNB, respaldada por el Gobierno de Venezuela. Las deportaciones sorpresivas son un hecho respetable desde el punto de vista soberano de todo país, sin embargo hay acciones cuestionables, el presidente Nicolás Maduro hizo apología al asesino Álvaro Uribe, procedió al mejor estilo paramilitar importado desde Colombia, las botas de la GNB olvidadas de las convicciones revolucionarias se portaron como los soldados de Uribe y sus falsos positivos, “Enpapelaron” a más de uno y la verdad no me extraña, tampoco me extraña que el gobernador del Táchira saliera en fotografías con gente de la invasión, en tiempos de campaña claro está, al mejor estilo David Castillo con los vendedores ambulantes en Cúcuta. Lo que sí me extraña, y lo digo con dolor, es cómo la gente de Cúcuta y La Parada, celebraba la visita del señor Uribe, que con su ridiculez senil, aprovechó el show mediático para comprar mercados y llevar a los deportados, pararse 15 minutos a gritar como un patán estimulando la tensión, y luego largarse a su cúpula de mafia que se da el lujo hasta de cagarse en la justicia. Me dolió porque las personas ovacionaron al presidente que provocó más de 2 millones de desplazados en Colombia, porque aplaudieron al criminal que posiblemente los hizo emigrar a otra tierra, pues la que tenía bajo su dirigencia no le alcanzó para tanto muerto de hambre.


Retomando a “La Invasión”. El enano se les creció, los “Paras” llevaron la plaga y la GNB no la combatió, se dejó contagiar. Al punto en que estaba la situación, es una medida sensata cerrar la frontera. Complicidad, extorsiones, desabastecimiento, asesinatos, narcotráfico y demás ilícitos hizo jugoso el negocio, por lo tanto apetecido, quizá no dio para más la desagradable unión entre GNB, Paramilitares y por supuesto la temida DIAN. Se reventó el saco y se quebró la empresa, hoy La Parada es lúgubre, ni hablar del escobal, en Cúcuta las colas de las estaciones son extremadamente largas, el comercio intenta levantarse del agónico estado en el que nosotros mismos como ciudadanos lo abandonamos por irnos de shopping a donde los vecinos de allá. Los vecinos de acá no dejan sus pataletas en las redes, las campañas patriotas de recoger mercados y ropa para los damnificados han disminuido, cada quién tiene otro mierdero, ajeno por supuesto, en qué pensar. Hay camionetas de la ONU que van y vienen, la Defensa Civil y otras instituciones acompañan los albergues, hoy también afirman los dirigentes que las ayudas solo durarán 3 meses, hoy el loco que prometió 20.000 casas a una ciudad endeudada sube su popularidad dando pataletas en los medios y trata de loco al del al lado, hoy la sociedad quiere votar por el que con eufemismos propone crear las sangrientas “Convivir” en Cúcuta, las mismas que posiblemente hagan las “Limpiezas Sociales” que la ignorancia aclama, las mismas que de pronto disparen contra el desespero de los deportados que se larguen de esos albergues porque las miserias del estado no les alcanzan para suplir las necesidades que su descuido gubernamental dejó.


Los vecinos de acá se quejaron porque el de enfrente maltrató a sus hijos, pero fueron incapaces de darles el amor que se merecen, el vecino de acá sacó a sus hijos con hambre, desempleo y violaciones constantes de los “Derechos Humanos”, el vecino de acá es cínico, quiere dar discursos de tolerancia cuando aniquiló 5.000 pensadores alternativos a su forma convencional, el vecino de acá desaloja brutalmente a sus propios hijos de algunas partes de su casa sin piedad, el vecino de acá sencillamente está tan ocupado viendo para la casa del frente que olvida que la suya está que arde. El vecino de acá es rival de sus propios habitantes, es más anticolombiano que el de allá, porque desaloja y no da trabajo, aclama la guerra en lugar de celebrar la paz, nos quiere ignorantes en vez de pensantes, es más rival nuestro porque tortura a sus hijos y fomenta la complicidad con los medios de comunicación que hacen el papel de viejas chismosas, es hipócrita y decora atrocidades con eufemismos, es tan, pero tan perverso, que no quiere que quepamos todos en esta casa llamada Colombia donde tuvimos la dicha de nacer.