“HASTA SIEMPRE” PORQUE ASÍ SE LE DICE A LOS GRANDES
Recuerdo
cuando un gran amigo me regaló las venas, más bajo que yo, con una seriedad
incongruente con su estatura me dijo, tome, feliz cumpleaños. Era un libro
azul, pirata, pero uno de los mejores regalos de cumpleaños. Él me escuchaba
hablar seguido de ese escritor, de mi afán por palpar más allá de lecturas
virtuales la grandeza de algún ejemplar suyo. Con o sin intención, el mismo
ejemplar se perdió en sus manos, o quizá nunca me lo quiso devolver, pero qué
más da, si ya estaba en mi corazón y mi conciencia esa serenata revisionista.
Confieso
que lloré cuando leía los desgarradores relatos del Potosí, los contrastes
absurdos de la Venezuela que hoy todos extrañan porque no la recuerdan, las
maravillas mentirosas sobre Colombia y demás atrocidades que ha hecho la
industria de la muerte en todo este territorio paradójicamente maldito por su
riqueza. Cuando eso, leía también Cien Años de Soledad y les encontraba una
relación estrecha, y es que cómo no sentir una relación entre todo lo que nace
aquí desde la magia de ser latinoamericanos y caribeños. El
tipo es un genio, es, porque nunca se irá, los egos de intelectual nunca
llegaron a contaminar su sabiduría y por eso logró ser como dice William Ospina,
la conciencia de Latinoamérica, porque su versatilidad le permitió hablar hasta
de fútbol. Casualmente la última lectura fue otro acontecimiento que reafirmó
su grandeza, un libro titulado “Días y Noches de Amor y Guerra” una especie de
diario donde le contaba a uno, así como en una conversación, vivencias suyas
que a veces eran envidiables. Nada es en vano, ni su muerte. Porque seguramente
se impulsará su lectura, es algo que generalmente pasa, los muertos venden los
discos y los libros que los vivos no alcanzan ni a soñar, quizá la generación
actual necesita de esas dosis históricas que la escuela, la televisión y el
sistema se esfuerzan tanto en esconder, necesita de ese lenguaje sencillo del
uruguayo cuya narrativa tiene los recursos estéticos que solo pueden resultar
de sentimientos reales, necesitan la voz grave de sus textos para poder alzar
la frente, rasgar las vendas y empezar a entender por qué es que la utopía nos
sirve para seguir caminando, pero sobre todo a seguir creyendo en algo mejor de
nosotros dentro de este mundo, porque al fin y al cabo como dijo este gran
escritor, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.
No
soy un crítico literario. Y realmente no quiero ser un intelectual, ellos son
muy extraños, generalmente nunca se hacen entender, solo soy otro individuo
más, alguien que fue tocado por la magia de este escritor que sin saberlo hizo
mucho por mi y las convicciones que tengo. En lugar de clichés absurdos que
ponen en consideraciones impertinentes al conocimiento, más que recorrer lo que
conozco de su obra, me gustaría en este espacio desearle un buen viaje, decirle
que acá se respiran y seguirán respirando sus creación, para poder tener
derecho al delirio, para poder decirle “Hasta Siempre” porque así se le dice a
los grandes.


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