jueves, 16 de abril de 2015

“HASTA SIEMPRE” PORQUE ASÍ SE LE DICE A LOS GRANDES

Recuerdo cuando un gran amigo me regaló las venas, más bajo que yo, con una seriedad incongruente con su estatura me dijo, tome, feliz cumpleaños. Era un libro azul, pirata, pero uno de los mejores regalos de cumpleaños. Él me escuchaba hablar seguido de ese escritor, de mi afán por palpar más allá de lecturas virtuales la grandeza de algún ejemplar suyo. Con o sin intención, el mismo ejemplar se perdió en sus manos, o quizá nunca me lo quiso devolver, pero qué más da, si ya estaba en mi corazón y mi conciencia esa serenata revisionista.


Confieso que lloré cuando leía los desgarradores relatos del Potosí, los contrastes absurdos de la Venezuela que hoy todos extrañan porque no la recuerdan, las maravillas mentirosas sobre Colombia y demás atrocidades que ha hecho la industria de la muerte en todo este territorio paradójicamente maldito por su riqueza. Cuando eso, leía también Cien Años de Soledad y les encontraba una relación estrecha, y es que cómo no sentir una relación entre todo lo que nace aquí desde la magia de ser latinoamericanos y caribeños. El tipo es un genio, es, porque nunca se irá, los egos de intelectual nunca llegaron a contaminar su sabiduría y por eso logró ser como dice William Ospina, la conciencia de Latinoamérica, porque su versatilidad le permitió hablar hasta de fútbol. Casualmente la última lectura fue otro acontecimiento que reafirmó su grandeza, un libro titulado “Días y Noches de Amor y Guerra” una especie de diario donde le contaba a uno, así como en una conversación, vivencias suyas que a veces eran envidiables. Nada es en vano, ni su muerte. Porque seguramente se impulsará su lectura, es algo que generalmente pasa, los muertos venden los discos y los libros que los vivos no alcanzan ni a soñar, quizá la generación actual necesita de esas dosis históricas que la escuela, la televisión y el sistema se esfuerzan tanto en esconder, necesita de ese lenguaje sencillo del uruguayo cuya narrativa tiene los recursos estéticos que solo pueden resultar de sentimientos reales, necesitan la voz grave de sus textos para poder alzar la frente, rasgar las vendas y empezar a entender por qué es que la utopía nos sirve para seguir caminando, pero sobre todo a seguir creyendo en algo mejor de nosotros dentro de este mundo, porque al fin y al cabo como dijo este gran escritor, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.


No soy un crítico literario. Y realmente no quiero ser un intelectual, ellos son muy extraños, generalmente nunca se hacen entender, solo soy otro individuo más, alguien que fue tocado por la magia de este escritor que sin saberlo hizo mucho por mi y las convicciones que tengo. En lugar de clichés absurdos que ponen en consideraciones impertinentes al conocimiento, más que recorrer lo que conozco de su obra, me gustaría en este espacio desearle un buen viaje, decirle que acá se respiran y seguirán respirando sus creación, para poder tener derecho al delirio, para poder decirle “Hasta Siempre” porque así se le dice a los grandes.