DEL AMOR EN LAS TIERRAS DE NADIE
Más
que una apología a los bellos títulos de García Márquez, es una apología al
amor, ese espacio donde el ego y el idealismo hacen de las suyas para hacernos
sentir vivos; un día, aquel mismo sentimiento unió varios corazones que
decidieron con un pintoresco romanticismo compartir algo de ellos con los
demás. Los demás estaban en las tierras de nadie, donde la miseria parece tener
una fijación enfermiza, los más débiles, los inocentes, tienen en los ojos y,
por qué no, hasta en el alma, las secuelas de una sociedad que asesina con una
indiferencia cuyo calibre destroza sueños.
A
diferencia de la novela de Gabo, no hay perros que supuestamente transmiten la
rabia al morder, ni exorcismos que intenten curar el mal de rabia con métodos
sádicos, y mucho menos un joven cura enamorado que declama poemas de Garcilaso
de Vega, al contrario, hay virus que aprietan las articulaciones de niños,
abusadores que ensucian la pureza, machismo que somete y una ignorancia colosal
con grilletes hasta en los pensamientos. Allá, donde la corrupción es ley, el
maltrato común y reír un privilegio, estos enamorados llegaron con la
determinación de sembrar una semilla de felicidad que por varios fines de semana
le quitó de las garras muchas presas a la maldad, hicieron entender que es
mejor obrar bien, que cuando algo se solicita, se dice “Por favor” y que
después de ese favor, se dice “Gracias”, les arrancaron de lo más profundo del
corazón muchos “Te amo hijo”, “Te amo mami”, “Te amo mucho abuelita”, les
pintaron felicidad en sus rostros y se dejaron atrapar por la ternura que causa
ver alegría en el infierno.
Como
todo, nada es perfecto, quizá no haya más fines de semana donde se comparta con
los demás en las tierras de nadie, pero siempre estará la certeza de haber sido
parte de una felicidad que aunque efímera dejará una huella de esperanza en
todos esos grandes corazones.
