jueves, 26 de junio de 2014

CRÓNICA DE UN SUEÑO ANUNCIADO

CRÓNICA DE UN SUEÑO ANUNCIADO

“Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”. Antonio Machado.


Uno nunca alcanza a imaginarse la magnificencia de los sueños, son una especie de batalla entre momentos angelicales y demoníacos, un sinsabor absurdo, una causa perdida que al tiempo resucita para seguirla luchando, son la esperanza o por lo menos la imagen más cercana que tengo de ella, pero también la imagen más cercana de la realidad, en fin, son una conspiración que no da tregua en el curso de nuestra existencia, cuando era niño, por ejemplo, soñaba con cambiar el mundo, lo que no me permití soñar en medio de mi ambiciosa inocencia fue cómo podía cambiarlo, pero lo deseaba, quizá por ese egoísmo romántico que lo hace sentir a uno especial, único, autentico o cualquier otro adjetivo que tenga que ver con que uno no se parece a nadie.


Sin embargo, el tiempo no perdona a nadie, después de haber soñado fue momento de despertar, seguramente pasó un largo rato porque cuando desperté la vida me gritó que había que hacer algo, hubo reproches que mientras los escuchaba noté que había crecido, tenía barba en el rostro y mucho peso en los hombros, no tenía la ambiciosa inocencia sino la agridulce experiencia que en medio de todo me hizo libre, no me puso grilletes que impidieran los encuentros disparatados con los sueños, así que con una terquedad de anciano sigo soñando con cambiar el mundo, lo peor o lo mejor es que no sé cómo, solo creo que se puede cambiar. Mejor me confieso, porque siempre he creído en el poder que tiene la escritura y siento que a ella se le debe ser tanto fiel como leal, confieso que sí, sé cómo, se cambia con sueños, se cambia con amor, se cambia cuando cambiamos, la experiencia de enseñar y ser enseñado ha dejado una huella imborrable para mi existencia, por eso hago la invitación queridos estudiantes, compañeros, colegas y maestros a que no renunciemos a los sueños y hagamos caso al gran poeta Antonio Machado, porque “Todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar” pero con la indiscutible condición de seguir soñando.